jueves, 17 de mayo de 2007

nieve sobre la ciudad...

















Nievecita, blanca y bonita, jejjee, k rico una novedad más en mi vida, en mis ultimos dos viajes a coyhaique he tenido la dicha de disfrutar de los paisajes blancos que intentan ocultar el colorido otoño de las lengas, ñires y coigües.
















Compartiendo el frío viaje con mi compañera y amiga SP (Servicio País). Brrrr, otra vez el gordo fue nuestro medio de movilización. La gente es muy agradable, puedes andar a dedo grandes trayectos, es más, en este viaje nos llevaron desde nuestro mismo lugar de trabajo, o sea ni tuvimos k enfriar nuestras manitas, aprovechamos de acompañar en sus labores a nuestro buen amigo conductor que es agrónomo y aprovechamos de conocer algunos campos, un lugar llamado Murta, e incluso bajarnos a jugar un ratito en la nieve. Muy entrete!!




Diganme si no son lindos estos colores!!!, es increíble como cada día el paisaje tiene algo nuevo que entregar, no te cansas de mirarlo, que cursi!!!jajajj, lo siento, la naturaleza me pone así... un abrazo amigos y compañeros.














































martes, 15 de mayo de 2007

"Como en la era del hielo"

... y después de tanto esperar por fin había llegado el 17 de marzo, saldríamos más tarde de lo esperado, porque Daniel, nuestro guía llegaría recién al mediodía hasta Puerto Tranquilo donde pasaríamos a buscarlo. Todas nuestras energías y, por supuesto, un buen arsenal de comida dispuestos para esta nueva aventura. Una hora de viaje desde Puerto Guadal hasta Puerto Tranquilo, encontramos a Daniel y seguimos. Una hora más de viaje hasta el refugio por un camino que casi pasa desapercibido, como temeroso de ser destruido. Segunda vez que hacíamos esta ruta, y no dejaba de sorprendernos
... recuerdo que la primera vez nos deteníamos a cada momento…cascadas, glaciares descolgándose de las montañas, el casi mitológico cóndor que sólo había visto en los libros de historia adornando el escudo, era el Valle Exploradores que se hacía presente…se nos agotaban las memorias de las cámaras y eso que ni siquiera habíamos llegado donde se supone encontraríamos la maravilla, se hacía tarde y parecía que no llegaríamos a nuestro destino final, de repente el Jorge, que conducía el primer auto, se detuvo, los que ibamos en el segundo vehículo protestábamos porque ya era tarde y no llegaríamos al refugio si seguíamos así. Nos detuvimos detrás, bajamos y cuando estábamos listos para reclamar, seguimos la mirada de nuestros compañeros y sus caras de sorpresa…mierrrrr.. era imposible pasar y no saludarla…la cascada de la Nutria estaba allí, imponente, altiva, refrescante…éramos unos niños nuevamente y todos queríamos tocarla, pero sólo nos atrevimos a fotografiarnos con ella guardando prudente distancia.
Dicen que este camino es una especie de resumen de la carretera Austral, una ruta casi desconocida pero que pronto podría convertirse en la conexión natural con el océano pacífico y la conocida laguna San Rafael.






Nos demoramos más de lo esperado, pero valió la pena...muchas veces en la vida nos empecinamos en conseguir un objetivo y cuando no lo alcanzamos sentimos un rotundo fracaso, porque no fuimos capaces de descubrir que quizás todo lo que necesitábamos estaba en el camino... y perdemos los detalles porque no queremos perder el tiempo, y perdemos oportunidades para formar nuestra felicidad porque creemos que está dada por una sola cosa...

Camino al “Exploradores” Cintia recordó que alguien había hablado de unos salmones gigantes, Daniel dijo que el lugar estaba cerca del refugio, así que nos ofreció ir a buscar uno para la noche, ni lo dudamos!! Pasamos al refugio a buscar el arpón y seguimos hasta el río, era increíble pero en cuanto nos acercamos a la orilla vimos como se lucían a nuestros ojos aquellos pescaditos tan codiciados, nos repartimos en las orillas para observar donde pasaría el siguiente y dar aviso al Daniel, quien hábilmente no tardó en cazar uno, la felicidad era enorme, y el pescado también!!... no nos habían engrupido, era la puritica y santa verdad, yo ya me lo imaginaba con quesito y tomate en el horno, mmmmmmm un rico cancato...regresamos rápidamente al refugio, se nos hacía tarde para empezar la caminata.





Los que estábamos listos empezamos a subir hasta el mirador, 20 minutos de escalada en piedra y bosque guiados sólo por una huella y en algunos puntos en que todo parecía igual unos palitos de colores nos indicaban el camino correcto. El resfrío me pasaba la cuenta y sentía que mi respiración llevaba una gran carga, pero no era suficiente para quitarme la pasión por descubrir aquel río congelado que trataba de escapar de entre las montañas. Llegamos al mirador sólo para tomar aire y apreciar el camino que nos esperaba…el espectacular Glaciar Exploradores se mostraba con sus 9 kms. de largo, hielo milenario que desciende del Monte San Valentín , el más alto de la Patagonia Chilena ...tres etapas: una primera de vegetación, luego hielo sucio y finalmente hielo limpio, no se veía tan lejos hasta que empezamos a caminar. Haciendole honor a mis ancestros, usaba con mucho cuidado cada ramita que podía ayudarme a bajar el primer cerro para no caer sobre los demás compañeros ni dejarles caer alguna peligrosa piedra... Llegamos a la parte baja y nuevamente me sentí pequeña, desde el mirador no había sido capaz de dimensionar las profundidades y recovecos de ese camino, todo era más grande, todo era más profundo, todo era más intenso, todo...era más.

De repente Oscar, el otro guía, nos dice que ya estábamos sobre el hielo sucio, como inocentes niños miramos hacia abajo y descubrimos entre las piedras que estábamos pisando algo más que eso, el frío intenso ya estaba, algo oculto, pero estaba. Los flash querían derretirlo, pero no lo conseguían...había que guardar un poco de memoria para lo que seguía. Hasta aquí era relativamente fácil caminar sin resbalarse, nadie dijo nada de tropezarse, jejeje cualquiera tiene un par de tropiezos, es parte del camino no? Hasta que llegamos donde las piedresotas que ayudaban a sostener nuestros zapatos empezaron a desaparecer y sólo se hacían presentes aquellas más pequeñas, distantes entre ellas ya no eran tan útiles,


















habían cumplido su tarea hasta allí, y ahora le tocaba hacerlo a los anhelados crampones, una estructura adaptable que simula la suela de un zapato, pero que posee puntas que ayudan a clavarte en el hielo, dos de ellas están en la parte delantera, como uñas, las que te ayudan a subir una pendiente en hielo. Una vez más éramos niños, esta vez con juguete nuevo, fue todo un ritual adherir los crampones a nuestros zapatos, al principio un poco de susto porque pensé que todos los corderos y chivos que me había comido se harían presente como en venganza dejándome clavada en el suelo, negándome la posibilidad a seguir descubriendo, jejej, pero no fue así y pronto me sentiría casi poderosa... cuando llegamos al primer descenso nos dijeron “practiquemos...” Yajuuuuuuuuuu, parecía cabra de montaña (¿sería el espíritu del chivito que me había comido?) primera tarea: bajar, ¿la técnica? Rodillas flectadas, espalda derecha cargando el peso hacia atrás, en otras palabras?? Al estilo chécopete, siiiiii, eso nos ayudaba mucho más, todos habíamos imitado alguna vez al susodicho, y así nomás fue, expertos checopetes. Tarea cumplida!!! Algunos con más dificultades que otros. Segunda tarea: subir, la técnica? No la recuerdo, pero recuerdo que flecté las rodillas nuevamente y supuse que las uñitas de los crampones harían su parte, no era tan fácil, había que buscar casi el equilibrio interno, la seguridad en uno, no me demore en encontrarla, jejej, entregada a la confianza, subía y bajaba y volvía a subir y a bajar.

Seguimos adentrándonos sobre aquel blanco velo, el hielo cruje y nos perdemos la caída de un gran trozo de él sobre una pequeña laguna, sólo vemos el agua que salta, las grietas nos invitan a mirar entre ellas, cuevas como grutas aparecen y esta vez no sólo miramos sino que entramos a cubrirnos de ellas.
















Han pasado las horas y hay que regresar, no quiero…pero el día está cansado y la noche se aprovecha, el camino de vuelta se me hace más largo, alguien parece no poder avanzar, se cae, se vuelve a caer, cae nuevamente, vamos compañero!!! Sus piernas parecen haber terminado su camino, hacemos fuerza entre todos, y la noche carga su peso en nuestros hombros, el asado que nos espera en Puerto Tranquilo nos anima.
Al fin llegamos al refugio nos queda una hora de viaje a Tranquilo y una más hasta Guadal, descansamos un rato alrededor de la cocina a leña, algunos conversan, otros planifican la próxima aventura, yo trato de descubrir algo de las piedras que recolecté, Oscar las transforma en flores y paisajes, intenta enseñarme, a mí sólo me salen rayas, pero es entretenido intentarlo. También me muestra las fotografías que ha tomado, tiene la misma cámara que yo, y me enseña algunos trucos.
Daniel y Oscar tienen muchas historias, han aprendido a vivir de lo que de la naturaleza, se acaba la temporada y ellos buscaran trabajar en lo que venga, mientras tanto tallan, fotografían, pescan, descubren el paisaje, se desplazan entre las heladas aguas en kayak. Trabajarán en lo que sea, no están estructurados por un título, no les pesa la sociedad, o al menos eso parece. A ratos queremos la vida como ellos, sólo a ratos.
Ellos serán parte de nuestro próximo viaje, ya no serán nuestros guías, serán un poco más amigos…nos vemos en Tortel.

Bueno, como me quedaban un poco de energías ese día aproveché las pesas de arbolito que tenían los chiquillos en el refugio...


...y como aún me quedaban energías... jejej, bueno ustedes ya ven...