como ven, esta es mi casita… algo vacía parece esta
r, pero no tardó la minga en llegar…y aunque no es una tradición patagona algo de chilotes deben tener estas personas… de seguro que entre paseo y paseo que se daban por estas tierras mis queridos antepasados, para llegar hasta la hermana Argentina buscando perderse entre ovejas, alguna semilla deben haber dejado en estas tierras. Bueno así como les decía, mi casita, la casa que vi el segundo día que salí a pasear por Puerto Guadal y que no tardó en recordarme a mi amado Chiloé, hecha casi toda de tejuela, algo difícil de encontrar aquí donde las casas son generalmente hechas de ladrillo o cubiertas de zinc y uno que otro vestigio de madera…no pude evitar pensar vivir en ella: madera, lago y montaña... para mi sorpresa y alegría
estaba vacía y como esperándome. Pregunté por el dueño, “se fue a Villa O’Higgins” me dijeron, “quizás a través de carabineros puedas ubicarlo, porque no hay otra forma”, así que empezó la búsqueda, y así nomás fue, después de varios intentos por ubicarlo a través de familiares, carabineros fue la alternativa y la solución. Más de un mes hasta que las llaves pasaron a mis manos. Ahora venía la otra lucha, vivir sóla, vencer los miedos que parecían haber quedado guardado con tu muñeca de la infancia…más no, y además no faltó quien me dijera, “oye ¿pero no te da miedo vivir aquí y sóla? dicen que por estos lados pena un hombre que se ahorcó en ese arbolito”, arbolito que de día parecía acogedor, pero en cuanto empezaba a oscurecer y
acompañado de un caballo que lo rondaba en las noches lo único que hacía era recordarme la terrorífica película “El Aro”, yo como tratando de convencerme le dije “Hay que temerle a los vivos, no a los muertos”, el me insistía como deseando que tuviese miedo, inmediatamente pensé …a este vivo como que le convendría que yo tuviese miedo ah!!! no falta quien se quiere pasar de listo, jajaj. Y así llegó el día en que habité entre mi casa, por supuesto que no sola la primera noche, cuidao!! cuidao!!! no estén pensando mal, fueron chulito (perrito de la Gaby) y la Gaby quienes me acompañaron, no el vivo patagón. La primera semana me costaba mucho dormirme, pero luego aprendí a subestimar todo lo que me pareciera extraño o sospechosamente
auspiciador de pánico… dio resultado. Ahora sólo quiero llegar a mi casa, hacer fuego y sentir rápidamente el calor que acoge, prepararme algo y crear, inventar desde lo que hay, transformar un cuero de naranja en algún adorno que luzca el color en la pared, o hacer perdurar el fósforo, que no terminó de gastarse mientras hacía fuego, en alguna cuelga que simule movimiento, o mejor escribir…pero tengo ganas de tejerme una chomba!!! ¿y qué podría hacer con tanta bolsa de nylon? un pisito para la entrada es buena idea…mmm también quiero un mueble para la cocina, y esos restos de maderas me podrían servir…lo construiré … tengo ganas de tocar guitarra, ups no tengo (uff y esto si que lo extraño) habrá que cantar a capella nomás…la noche se hizo larga y un amanecer lluvioso me invita a quedarme entre las sábanas, no me hago de rogar, pero en cuanto pare de llover quizás invite a la señora Marta para que nos arranquemos a robar alguna manzanita por las chacras o salgamos un rato a caminar y a recordar su infancia, o podríamos subir algún cerro hasta encontrar un mate amigo…

r, pero no tardó la minga en llegar…y aunque no es una tradición patagona algo de chilotes deben tener estas personas… de seguro que entre paseo y paseo que se daban por estas tierras mis queridos antepasados, para llegar hasta la hermana Argentina buscando perderse entre ovejas, alguna semilla deben haber dejado en estas tierras. Bueno así como les decía, mi casita, la casa que vi el segundo día que salí a pasear por Puerto Guadal y que no tardó en recordarme a mi amado Chiloé, hecha casi toda de tejuela, algo difícil de encontrar aquí donde las casas son generalmente hechas de ladrillo o cubiertas de zinc y uno que otro vestigio de madera…no pude evitar pensar vivir en ella: madera, lago y montaña... para mi sorpresa y alegría
estaba vacía y como esperándome. Pregunté por el dueño, “se fue a Villa O’Higgins” me dijeron, “quizás a través de carabineros puedas ubicarlo, porque no hay otra forma”, así que empezó la búsqueda, y así nomás fue, después de varios intentos por ubicarlo a través de familiares, carabineros fue la alternativa y la solución. Más de un mes hasta que las llaves pasaron a mis manos. Ahora venía la otra lucha, vivir sóla, vencer los miedos que parecían haber quedado guardado con tu muñeca de la infancia…más no, y además no faltó quien me dijera, “oye ¿pero no te da miedo vivir aquí y sóla? dicen que por estos lados pena un hombre que se ahorcó en ese arbolito”, arbolito que de día parecía acogedor, pero en cuanto empezaba a oscurecer y
acompañado de un caballo que lo rondaba en las noches lo único que hacía era recordarme la terrorífica película “El Aro”, yo como tratando de convencerme le dije “Hay que temerle a los vivos, no a los muertos”, el me insistía como deseando que tuviese miedo, inmediatamente pensé …a este vivo como que le convendría que yo tuviese miedo ah!!! no falta quien se quiere pasar de listo, jajaj. Y así llegó el día en que habité entre mi casa, por supuesto que no sola la primera noche, cuidao!! cuidao!!! no estén pensando mal, fueron chulito (perrito de la Gaby) y la Gaby quienes me acompañaron, no el vivo patagón. La primera semana me costaba mucho dormirme, pero luego aprendí a subestimar todo lo que me pareciera extraño o sospechosamente
auspiciador de pánico… dio resultado. Ahora sólo quiero llegar a mi casa, hacer fuego y sentir rápidamente el calor que acoge, prepararme algo y crear, inventar desde lo que hay, transformar un cuero de naranja en algún adorno que luzca el color en la pared, o hacer perdurar el fósforo, que no terminó de gastarse mientras hacía fuego, en alguna cuelga que simule movimiento, o mejor escribir…pero tengo ganas de tejerme una chomba!!! ¿y qué podría hacer con tanta bolsa de nylon? un pisito para la entrada es buena idea…mmm también quiero un mueble para la cocina, y esos restos de maderas me podrían servir…lo construiré … tengo ganas de tocar guitarra, ups no tengo (uff y esto si que lo extraño) habrá que cantar a capella nomás…la noche se hizo larga y un amanecer lluvioso me invita a quedarme entre las sábanas, no me hago de rogar, pero en cuanto pare de llover quizás invite a la señora Marta para que nos arranquemos a robar alguna manzanita por las chacras o salgamos un rato a caminar y a recordar su infancia, o podríamos subir algún cerro hasta encontrar un mate amigo…








